jueves, 15 de mayo de 2014

Silencio

Y el silencio llama a mi puerta,
lo único a lo que me puedo aferrar se llama soledad,
me abrazo a unas ausencias, el dolor no tiene piedad
y las lágrimas acuden sin pedir permiso.. 


viernes, 9 de mayo de 2014

Corazón coraza

...porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre...

Benedetti

Silencio, solo silencio

Silencio... solo silencio. Silencio desquiciante, angustioso, inquietante, turbador, atormentado, sorprendente, ahogante, doloroso, punzante, lastimoso, triste… a fin de cuentas silencio.

martes, 29 de abril de 2014

La culpa es de uno

La culpa es de uno
Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido

todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí no
más lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenés razón
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchísimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo
francamente
solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno
con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte. 

Mario Benedetti

viernes, 25 de abril de 2014

Nostalgia


Nostalgia

¿De qué se nutre la nostalgia?
Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel.

Benedetti

lunes, 3 de febrero de 2014

Vida

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro

viernes, 22 de junio de 2012

Gante

GANTE 
Para Frank Vélez

La luz invernal atraviesa el cristal plomizo. Una lupa del tamaño de un plato de sopa agranda el ojo sobre el pergamino. Del ojo máximo derivan las cosas nimias. El miniaturista sabe que es preciso reducir el universo para comprenderlo.

En la habitación, demasiado vasta, hay réplicas de misales encuadernados con pieles de salamandras e innumerables retratos miniados de príncipes, cortesanas, brujos y mendigos paralíticos.
Ninguna le impresiona, sin embargo, como la obra en curso. La hace por encargo, a cambio de unos granos de azúcar, superando el remordimiento de trabajar para satisfacer un capricho mientras sus hijos visten harapos.

Es una reducción de un barrio de Gante, la ciudad donde se encuentra el estudio del miniaturista. Cabe en la palma de la mano. Contiene 250 casas, y dentro de las casas, con sus fisonomías reconocibles, los retratos de cada uno de los miembros de 250 familias. Además del mobiliario y los útiles domésticos, figuran también los gatos, los perros y los insectos familiares.

El miniaturista retoca el pergamino con la punta de una patita peluda.

Falta su autorretrato. Se levanta de la mesa, se limpia las manos. Echa de menos una jarra de cerveza. Siente que su cuerpo contrahecho es indigno.

A punto está de llorar cuando le parece que, desde un rincón polvoriento, la donante le sonríe. El sacrificio que supone la cojera es nimio en comparación con la trascendencia de la especie.

El miniaturista regresa a la mesa de trabajo. Autorretrata sus rasgos tristes. Después retoca el punto central de la miniatura, las efigies de los insectos familiares: los ojos facetados, los élitros relucientes, las cinturas invisibles. De él depende que las clientas comprendan la grandeza del universo recorriéndolo con sus patitas peludas.

Marta Aponte Alsina